
Los pici con ragú de Cinta Senese se presentan con largos hilos de pasta gruesa e irregular, envueltos en una salsa oscura y aromática que se adhiere a cada curva. El ragú, rico y de cocción lenta, desprende notas de carne sabrosa, vino tinto y sofrito, con una textura plena y aterciopelada. Al morderlos, los pici resultan rugosos y firmes, perfectos para retener la salsa. Es un primer plato generoso, típicamente servido en los almuerzos dominicales o en las trattorias de la campiña sienesa.
Este plato une dos símbolos gastronómicos de la provincia de Siena: los pici, pasta campesina hecha a mano, y la Cinta Senese, una raza porcina histórica criada en las colinas toscanas. Juntos cuentan la historia de un territorio donde la cocina nace del equilibrio entre tradición agrícola y artesanía. Es una síntesis auténtica de la cultura gastronómica sienesa.
Los pici tienen orígenes antiguos, probablemente medievales, cuando en las campiñas de Siena se preparaba una pasta humilde con harina y agua estirada a mano. El ragú de Cinta Senese, en cambio, está ligado al redescubrimiento y la protección de esta raza porcina autóctona, relanzada a finales del siglo XX tras un periodo de declive. El encuentro entre la pasta tradicional y esta carne apreciada dio lugar a una de las variantes más identitarias de los pici.
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