
Doradas y crujientes por fuera, las costillas a la valdostana esconden un corazón suave de fontina DOP fundida y jamón. La carne de ternera, tierna y jugosa, se empana y se dora en mantequilla hasta formar una corteza crujiente que contrasta con el relleno cremoso. Al cortarlas, el queso de montaña se funde lentamente, liberando aromas de leche y de los Alpes. Es un segundo plato rico y envolvente, perfecto para un almuerzo contundente o una cena después de un día entre los Alpes.
Las costillas a la valdostana encarnan la identidad gastronómica del Valle de Aosta: pocos ingredientes locales, pero intensos y generosos. La fontina DOP, producto símbolo de la región, se convierte aquí en protagonista junto con la carne de ternera, contando la tradición alpina hecha de ganadería y cocina sustanciosa.
El plato nace en la tradición doméstica valdostana entre el siglo XIX y comienzos del XX, cuando la fontina se utilizaba para enriquecer preparaciones de carne en las cocinas de montaña. Con el tiempo la receta se difundió en las trattorias y restaurantes de la región, convirtiéndose en una de las interpretaciones más célebres de la combinación entre ternera y queso de montaña.
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