
La cassoeula es un plato suntuoso y humeante, donde las coles largamente estofadas se entrelazan con distintas partes del cerdo hasta volverse tiernas y envolventes. El color es marrón dorado, con hojas de col brillantes de salsa y carnes que se deshacen al tocarse con el tenedor. El sabor es intenso, profundo, ligeramente dulce gracias a las coles cocidas durante mucho tiempo junto con la grasa del cerdo. Es un plato de mesa invernal, servido caliente en los días fríos, a menudo acompañado de polenta.
Para Milán y Lombardía la cassoeula es mucho más que una receta: es un símbolo de la cocina campesina y de la cultura del aprovechamiento. Cuenta la historia del invierno, de la matanza del cerdo y de la capacidad de las familias para transformar ingredientes humildes en un plato rico y convivial. Aún hoy representa uno de los sabores identitarios más fuertes de la tradición milanesa.
Los orígenes de la cassoeula se remontan a la tradición rural lombarda entre los siglos XVII y XVIII, cuando después de la matanza del cerdo se cocinaban las partes menos nobles junto con las coles de temporada. Según algunas leyendas nació gracias a un cocinero español que sugirió unir coles y carne de cerdo durante la dominación ibérica. Con el tiempo la receta se consolidó en las trattorias milanesas, convirtiéndose en uno de los platos símbolo del invierno en la ciudad.
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