
Dorada, brillante de aceite y marcada por pequeños hoyuelos que retienen la salmuera, la focaccia genovesa es suave por dentro y ligeramente crujiente en los bordes. El aroma del aceite de oliva virgen extra y de la masa recién salida del horno invade los callejones de los carruggi desde primeras horas de la mañana. Al morderla es esponjosa, sabrosa y delicadamente aceitosa, con un equilibrio perfecto entre sal y fragancia. En Génova se come a cualquier hora: en el desayuno, como tentempié o junto a una copa de vino blanco.
La focaccia genovesa, o “fügassa”, es uno de los símbolos cotidianos de la ciudad y de su cultura popular. Para los genoveses es un ritual: se compra caliente en el horno del barrio y a menudo se come incluso en el desayuno, mojada en el cappuccino. Representa la sencillez y el carácter práctico de la tradición ligur.
Sus orígenes se remontan probablemente a la Edad Media, cuando en los hornos de la ciudad se cocían masas sencillas de harina, agua y aceite. Con el tiempo, los panaderos genoveses perfeccionaron la técnica de verter salmuera en los característicos hoyuelos, lo que da a la focaccia su textura suave y sabrosa. Hoy la “Focaccia Genovese” está reconocida y protegida como una especialidad tradicional de Liguria.
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