
Los turdilli son pequeños dulces fritos de forma alargada y ligeramente curvada, dorados y brillantes después de ser envueltos en miel o en vincotto. Por fuera resultan apenas crujientes, mientras que el interior es suave y perfumado con vino, cítricos y a veces anís. El sabor es cálido y envolvente, con un dulzor intenso pero equilibrado. En Catanzaro aparecen sobre todo al final de la comida durante las fiestas, cuando el aroma de la miel llena la mesa.
En Catanzaro los turdilli son uno de los símbolos dulces de la Navidad y de las reuniones familiares. Prepararlos es un gesto transmitido de generación en generación, a menudo en grandes cantidades para compartir con parientes y vecinos. Este dulce representa la hospitalidad y la continuidad de las tradiciones domésticas calabresas.
Los orígenes de los turdilli se remontan a la tradición campesina calabresa, cuando con ingredientes sencillos de la despensa se preparaban dulces festivos fritos en manteca de cerdo o en aceite. Con el tiempo la receta se ha enriquecido con aromas como el anís y la cáscara de cítricos, y con el glaseado de miel o vincotto. Aún hoy la preparación sigue gestos antiguos, manteniendo casi intacto el vínculo con el pasado.
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