
Un disco de masa suave y ligeramente tostado en los bordes, con el cornicione alto y alveolado que encierra un corazón rojo de tomate, blanco de mozzarella y verde de albahaca. La Margherita huele a horno de leña, con notas dulces de tomate San Marzano y la cremosidad láctica de la mozzarella fundida. El bocado es elástico y ligero, con un equilibrio perfecto entre acidez, sapidez y fragancia. En Nápoles es la comida cotidiana por excelencia: simple, caliente, inmediata, para disfrutar al almuerzo, en la cena o incluso de pie fuera de la pizzería.
La pizza Margherita es el símbolo gastronómico de Nápoles y uno de los emblemas más reconocibles de la cocina italiana en el mundo. Representa el ingenio popular napolitano: pocos ingredientes humildes transformados en una obra maestra. El arte del pizzaiolo napolitano fue reconocido en 2017 como patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO.
Según la tradición, la Margherita nació en 1889 cuando el pizzaiolo Raffaele Esposito preparó una pizza con tomate, mozzarella y albahaca en honor de la reina Margherita de Saboya, evocando los colores de la bandera italiana. En realidad, la pizza en Nápoles ya existía desde hacía siglos como comida popular callejera. Con el tiempo, la Margherita se convirtió en la versión canónica, codificada por el reglamento de la Associazione Verace Pizza Napoletana.
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