
Disco dorado y compacto, el riso al salto se presenta como una gran oblea crujiente de color oro, perfumada con mantequilla y azafrán. En el exterior forma una corteza fina y fragante, mientras que en el interior permanece suave y cremoso, con los granos aún ligados por el risotto original. El contraste entre la textura crujiente y el corazón aterciopelado es su secreto. Se disfruta a menudo como primer plato o como plato único ligero, sobre todo a la hora del almuerzo en las trattorie milanesas.
El riso al salto cuenta el alma pragmática e ingeniosa de Milán. Nace de la recuperación del risotto al azafrán sobrante, transformado con pocos gestos en un plato nuevo y sorprendente. Es la expresión perfecta de la cocina milanesa: sobria, concreta, pero capaz de elegancia incluso en la simplicidad.
La receta nace en las cocinas domésticas y en las trattorie milanesas entre los siglos XIX y XX como una solución inteligente para reutilizar el risotto a la milanesa del día anterior. El arroz se prensaba y se salteaba en mantequilla hasta crear una corteza crujiente, de donde proviene su nombre. Con el tiempo se ha convertido en un pequeño clásico de la ciudad, presente en los menús de las osterie y reinterpretado también por la alta cocina.
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