
Los callos a la florentina se presentan con un rojo cálido y apetecible, con tiras tiernas de callos lentamente estofadas en tomate. El aroma es rico en sofrito, hierbas y parmesano rallado que se funde sobre la superficie humeante. En boca son tiernos, sabrosos y envolventes, con una textura a la vez aterciopelada y rústica. Es un plato reconfortante, perfecto para un almuerzo contundente en una trattoria.
En Florencia los callos son mucho más que un plato: son un símbolo de la cocina popular de la ciudad. Nacen de la tradición de aprovechar cada parte del animal y aún hoy se encuentran en las trattorias históricas y en los puestos de los trippai. Cuentan una Florencia cotidiana, genuina y profundamente ligada a sus raíces gastronómicas.
Los callos están presentes en la cocina florentina desde la Edad Media, cuando los cortes menos nobles se vendían en las calles por los trippai. Con el tiempo la receta se enriqueció con el tomate, introducido en la cocina italiana entre los siglos XVII y XVIII. La versión a la florentina, estofada lentamente con aromáticos y terminada con parmesano, se ha convertido en una de las preparaciones más representativas de la ciudad.
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