
Un plato robusto y envolvente: la polenta humeante, suave y dorada, acoge encima bocados de carne de caza estofada lentamente. Ciervo, jabalí o corzo liberan en la salsa profundos aromas de vino tinto, hierbas de montaña y bayas. El contraste entre la cremosidad de la polenta y la carne intensa y sabrosa crea una textura rica y reconfortante. Es el plato perfecto para una cena caliente después de un día entre las montañas del Valle de Aosta.
En Aosta y en los valles circundantes, la polenta con carne de caza representa el encuentro entre la agricultura de montaña y la tradición venatoria. Es un plato que cuenta la vida alpina: ingredientes sencillos, cocciones lentas y el profundo vínculo con los bosques que rodean la ciudad. En los restaurantes y en las cabañas de montaña es símbolo de convivencia e identidad territorial.
La polenta fue durante siglos el alimento básico de las comunidades alpinas, mientras que la carne de caza procedía de la caza en los bosques del Valle de Aosta. La unión de ambos elementos nació como cocina de subsistencia en las casas de montaña, donde la carne se braseaba durante mucho tiempo para ablandarla y darle sabor. Con el tiempo, esta combinación rústica se ha convertido en uno de los platos más representativos de la gastronomía local.
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